Calendario Cajica Abril


CALENDARIO CAJICA ABRIL


15 Abril.
GUARDERÍA INFANTIL SAN VICENTE DE PAUL
Fundada el 15 de Abril  2004.
Sociedad San Vicente de Paul. 


San Vicente de Paul Cajicà

San Vicente de Paul Cajicà

Presidente San Vicente de Paul - Cajicà

Guardería San Vicente de Paul - Cajicà

Creada por la Sociedad San Vicente de Paul de Cajicá, el 15 de abril de 2004 es una institución sin ánimo de lucro que apoya a la comunidad con el cuidado y educación de los niños, mientras sus padres salen a trabajar.
Su junta administrativa conformada por los miembros vicentinos quienes  cumplen su ardua labor de compromiso ayudando en el sustento y cumpliendo las labores asignadas, sacrificando su tiempo y familia, pero con el único objetivo de servicio a los demás.


Su presidente actual es la señora Esther Nieto, ilustre Cajiqueña que siempre ha trabajado en pro de su tierra natal, junto con sus compañeras vicentinas quienes les corresponde la labor de conseguir los recursos para el mantenimiento, administración, empleados y alimentación diaria de los niños.



8 de Abril 1995
Natalicio de:
José Luis Martínez Bastidas
Escritor y Periodista Cajiqueño.

José Luis Martínez Bastidas
Nacido en Cajicá el 08 Abril de 1995, hijo de Diana Bastidas y Carlos Martínez.


Desde niño y gracias al apoyo de sus padres demostró gusto por la redacción y la lectura.

Termino su bachillerato en el Colegio Pompilio Martínez.

En el  2011 su profesora de español, le incentivó para participar en el concurso nacional de cuento, Ministerio de Educación y RCN.

Fue uno de los 35 ganadores en la Categoría Bachillerato, con su Cuento "EL PÉNDULO", y es invitado a Cartagena para su premiación.




En el 2017 se graduó como Comunicador Social y Periodista de la Universidad de la Sabana.


Recibe reconocimiento del Ministerio de Educación Nacional por mejor prueba Saber Pro



"No entendía por qué tenía que ir a la casa de su tío, le había rogado a su madre en vano y no le quedaba más remedio que obedecer. Le fastidiaba estar con ese hombre un poco chiflado que podía pasar días enteros en su escritorio leyendo y experimentando con esos extraños inventos, con los que además no le dejaba jugar. Aparte de eso, se aburría tremendamente en esa casa de aspecto sucio y descuidado, en la que el único aparato electrónico a la vista era un radio viejo que su tío mantenía mal sintonizado y que solo callaba para leer."

"Fueron los ronquidos de su tío los que le alertaron de que el celoso guardián de los inventos se había quedado dormido. Quién sabe si fue su curiosidad la que lo impulsó o si fue ese extraño deseo que sentimos por hacer lo que nos han prohibido, lo cierto es que antes de darse cuenta ya estaba junto al estante de los inventos..."

Finalmente lleva al lector a vivir una aventura inigualable.

José Luis Martínez

José Luis ya había participado en la anterior edición del concurso y al no ganar quedó con ganas de revancha. Revancha que se tomó este año con el cuento "El Péndulo". La idea para escribirlo le surgió de un sueño de infancia en el que podía detener el tiempo y hacer cualquier cosa.

Su autor favorito es José Saramago y afirma que su estilo literario se parece un poco al de él. También le gusta leer a Mario Vargas Llosa y Albert Camus.

Además de la literatura, en su tiempo libre le gusta salir a diferentes lugares, nadar, jugar fútbol y tocar el piano.

Este cuento se lo dedica a su fallecida abuela, quien fue muy importante en su infancia y a pesar de la inmensa tristeza, su fallecimiento lo hizo más fuerte. También se lo dedica a su tío, Manuel Angulo, porque le enseñó que el humor y la risa son las armas más fuertes que se pueden tener.

Tomado de: http://www.mineducacion.gov.co/cvn/1665/w3-article-295065.html


EL PÉNDULO

No entendía por qué tenía que ir a la casa de su tío, le había rogado a su madre en vano y no le quedaba más remedio que obedecer. Le fastidiaba estar con ese hombre un poco chiflado que podía pasar días enteros en su escritorio leyendo y experimentando con esos extraños inventos, con los que además no le dejaba jugar. Aparte de eso, se aburría tremendamente en esa casa de aspecto sucio y descuidado en la que el único aparato electrónico a la vista era un radio viejo que su tío mantenía mal sintonizado y que solo callaba para leer.

Para distraerse solía mirar por la ancha ventana de la sala que permanecía abierta y observaba esas ruinosas casas de tejados rojos y ropa tendida en los balcones. También le gustaba oler el aroma del río y sentir como el viento movía la cortina a sus espaldas. Sin embargo, lo que más le gustaba era mirar esos raros aparatejos fabricados por su tío e imaginar para que serviría cada uno. Normalmente se conformaba con mirarlos desde lejos, pero ese día no fue así.

Los ronquidos de su tío los que le alertaron de que el celoso guardián de los inventos se había quedado dormido. Quién sabe si fue su curiosidad la que lo impulsó o si fue ese extraño deseo que sentimos por hacer lo que nos han prohibido, lo cierto es que antes de darse cuenta ya estaba junto al estante de los inventos.

Estiró su mano y cogió un raro cubo verde con dos alambres a los lados y una serie de botones en el frente. Oprimió todas las teclas y, al no ver ningún resultado, lo volvió a dejar. Luego tomó un largo tubo metálico con varios orificios en forma de triángulo y, tras comprobar que su tío seguía dormido, se dispuso a examinarlo. Lo giró y miró su interior, luego sopló por uno de los extremos para ver si era una especie de flauta, pero ningún sonido surgió de allí. También lo dejó en el estante.

Iba a tomar un artefacto más cuando se percató de un sonido que no había oído hasta entonces. Era ese tipo de tic-tac propio de los relojes que suelen pasar desapercibidos por su monotonía. Siguió el sonido con su oído y se dio cuenta de que venía del estante de los libros y más exactamente de unos libros rojos casi cubiertos por el polvo. Corrió los libros hacia un lado y encontró allí escondido un pequeño reloj de péndulo que le produjo una extraña sensación al mirarlo.
Tomo el aparato y  lo observó minuciosamente, no tenía nada de particular salvo una esquina que empezaba a podrirse y una parte de la pintura despegada. Fijó su vista en el péndulo que se movía elegantemente de lado a lado y tuvo esa sensación que se tiene al ver una reliquia valiosa. Sin embargo, el péndulo tampoco tenía nada raro en apariencia, así que decidió desmontarlo para verlo mejor. Justo en el momento en el que sus dedos le impidieron al péndulo seguir con su movimiento, sintió que el aire a su alrededor se detenía en seco y vio como las cortinas que un instante antes ondeaban se habían quedado congeladas en el momento. Confundido, soltó el péndulo y el aire volvió a circular. Estaba atónito, era como si ese insignificante péndulo controlara ese poderoso misterio que era el tiempo. Volvió a coger el péndulo y de nuevo todo quedó en quietud y silencio. ¡Increíble!, en verdad el péndulo controlaba el tiempo, su asombró creció.

De repente su cabeza se llenó de ideas sobre lo que podría hacer con su descubrimiento, por fortuna su infantil inocencia impidió que se colaran en su pensamiento todas aquellas oscuras ideas que cualquier adulto habría tenido. Guardó el péndulo en el bolsillo y fue a hacer lo primero que le pasó por la mente; comer.
Bajó por las escaleras de piedra y se dirigió hacia la tienda de postres. Al llegar saludó a la inmóvil vendedora que no respondió y cogió un provocativo panecillo. Rara vez podía darse lujos como este así que siguió comiendo de todo un poco. Era extraño, era como si al parar el tiempo también su reloj biológico hubiera cambiado, por lo que no sentía estar lleno aún después de haberse comido casi una decena de panecillos y varios vasos de yogurt, además de un queso que había encontrado en su mesa. Cuando no quiso comer más se fue de allí con la conciencia tranquila por haber dejado en el mostrador unas cuantas moneditas que tenía en su bolsillo, aunque estas escasamente habrían alcanzado para pagar unos tres panecillos.

Fue caminando por la calle mirando las extrañas poses en las que algunos habían quedado al momento de ser congelados. Fue al cine, pero al entrar a la sala cayó en cuenta de que al estar todos inmóviles no había quién manejara el proyector y no pudo ver ninguna película. También fue a uno de esos extraños salones llenos de computadores que se autodenominaban “cafés”, aún cuando el único café en la sala era el del administrador. Sin embargo, las máquinas parecían haber quedado congeladas también, y por más botones que oprimía nada variaba en las pantallas.

Salió de allí un poco decepcionado aunque aún tenía muchas ideas para hacer. Iba caminando por una estrecha calle llena de vendedores ambulantes que por primera vez en su ajetreada vida habían parado el ritmo acelerado para quedarse más quietos que una pared. De pronto vio de reojo una muñeca como nunca antes había visto.

 A pesar de que le gustaba jactarse de su rudeza, tenía también cierta sensibilidad hacia la belleza y definitivamente esa muñeca era la más bella jamás encontrada. De repente invadió su cabeza la imagen de aquella niña de la plaza que veía cada tarde y que volvía a ver cuándo se iba a dormir, pues no había noche en que no soñara con ella. Aunque nunca le había dirigido la palabra, esa pequeña en realidad lo cautivaba.

Decidió que tenía que regalarle esa muñeca a cualquier costo y, aunque le habría gustado pagarla, no tenía más dinero. La tomó pidiendo perdón al vendedor petrificado y fue corriendo hacia la plaza, donde esperaba que estuviera su amada. La encontró al otro lado del monumento ecuestre, tan inmóvil como este pero mil veces más bella. Se acercó a ella y puso la muñeca a sus pies. Tomó una de las flores del jardín y se sintió extasiado con su aroma. Miró los ojos azules de la niña y acarició sus mejillas. Después de esto no pudo resistirse más y la besó. Fue un beso largo pero insípido, como besar una piedra,  nada más distinto a lo que se había imaginado durante tanto tiempo.

Desilusionado y a punto de llorar se fue corriendo a casa de su tío decidido a poner el péndulo de nuevo en el reloj y devolver así el paso del tiempo. Llegó a la casa y subió rápidamente las escaleras de piedra. Sacó el péndulo de su bolsillo y después de dudarlo un poco lo puso de nuevo en el reloj. Sintió el aire volver a moverse y volvió a escuchar los ronquidos de su tío que se mezclaban con el ruido de la radio mal sintonizada. Se sintió aliviado por que hubiera vuelto todo a la normalidad. Al parecer, también su metabolismo se había normalizado y los panecillos y yogures que había comido empezaron a hacer efecto. El péndulo se movió muchas veces durante el tiempo que permaneció en el baño.

Autor: José Luis Martínez Bastidas.  



Falleció  4 de Abril del 2002.
Señora Sofía Koppel de Pardo.


Sofia Koppel de Pardo - Cajicá

“En el mes de enero de 1952, en el Molino de la Florida en Cajicà, pasábamos las vacaciones de los niños con una familia muy amiga. Cuando salíamos de paseo, empezamos a darnos cuenta de la pobreza e ignorancia de la gente campesina y el abandono de los niños; entonces nos dedicamos , a preparar a los niños pobres de las veredas vecinas para la Primera Comunión.

 Ese año tuvimos mucho éxito con la fiesta que les hicimos para celebrar la Primera Comunión, y fue así como al iniciar enero en los años siguientes, llegaron niños de todas partes para asistir a las clases y a la preparación, labor que con paseos y juegos duraban toda la mañana. Pero vimos que el mayor problema se nos presentaba por el ambiente en que vivían esos niños; y fue por eso por lo que tuvimos la idea de trabajar con las mamás, ya que ellas serian elemento definitivo en la educación de los hijos, y podrían influir un poco en los jefe de hogar quienes eran bastante machistas.

 Empezamos pues, por invitar a las madres de nuestros discípulos para que aprendieran algo de lectura, escritura, aritmética, geografía e historia, pero nos encontramos con que ninguna de ellas tenia el mas mínimo interés por ninguna de esas actividades; se nos ocurrió, entonces, invitarlas a coser, a tejer y a cursos muy elementales de corte y de confección, lo cual, para sorpresa nuestra, tuvo una acogida extraordinaria; ahí si asistió una cantidad inmensa de campesinas. Mientras cosían, tejían o bordaban, nosotras aprovechábamos el tiempo para hablarles sin descanso, y transmitirles inquietudes sobre su responsabilidad y sobre la importancia de su misión en la vida”.

  Se necesitaba haber asistido a las clases con puntualidad , para poder tomar parte de la excursión que tenía lugar en el mes de noviembre. Estas excursiones eran recreativas e instructivas a la vez; al principio no duraban sino un día, y se hicieron a Girardot, Melgar, Villeta, Guatavita; nos llamo la atención la felicidad que sentían de conocer la tierra caliente “en una ocasión una de ellas tocaba el suelo cerca del rio Magdalena para saber si la tierra era caliente”. Años mas tarde pudimos organizar excursiones de ocho días llevando grupos de 180 campesinas.

 Tuvieron la maravillosa oportunidad de conocer el mar, cuando estuvimos en Santa Marta, Barranquilla y Cartagena, También fueron a Boyacá recorriendo la ruta de los Libertadores; al Valle del Cauca hasta Popayán, conociendo las ciudades y los mejores ingenios de azúcar.
   A las madres que esperaban bebe, se les daba una atención especial; ellas hacían los ajuares para el niño, y tenían clases de cuidados prenatales, puericultura y psicología infantil. El mejor ajuar recibía premio al final del año”.

Falleció el 4 de Abril del año 2002
tomado de:  http://www.centrosofiakoppel.org/index.php?option=com_content&view=article&id=112&Itemid=84